enero 19, 2010

Capítulo IX : "El plan, el acosador y la mejor confesión"

Caminé hasta el aula donde había tenido la clase de matemáticas, ya que ahí había dejado mis cosas, la profesora aun se encontraba ahí cuando yo entré por la puerta.
— ¿Está todo bien?—me preguntó la profesora.
—…si, muy bien profesora, no fue nada—le respondí mientras iba hacia mi lugar y recogía mis cosas. Estaba por salir del aula cuando su voz me detuvo.
—Tamyra, ¿qué es lo que pasa?—preguntó nuevamente. Me giré para verla con cara de desconcierto.
— ¿de que profesora? No entiendo—
—De tu actitud, y de esto—dijo mientras me tendía una hoja de papel. Era el examen que habíamos hecho la semana anterior y tenía en rojo una gran letra D que reflejaba mi pésima calificación. Realmente me sorprendí. — ¿qué pasó?, eres una de las mejores estudiantes y ver esto no me agrada mucho—
—…no se, no se que decirle, pensé que lo había hecho bien— ¡mentira de nuevo! Ese día no había podido concentrarme en absoluto.
— ¿Tienes problemas en casa o algo por el estilo?, me informaron que no puedes ir a deportes, pero no imagino como eso puede afectarte aquí—
—Profesora, en verdad quisiera decirle que pasa, pero no tengo idea, lo único que sé es que no puedo concentrarme en nada, usted misma vio lo que pasó hoy, yo…—
—Te recomiendo que veas a la consejera, quizás ella pueda ayudarte—me interrumpió. —sabes que esto puede afectar tu puesto como presidenta estudiantil y no queremos eso ¿cierto?—terminó, yo solo asentí con la cabeza; tal vez ir a ver a la consejera no sería tan mala idea, pero dudaba que ella supiera que me estaba pasando, aun así le prometí ir a verla, y salí del aula aun asombrada por la terrible calificación que había obtenido.

Llegué hasta el aula donde se supone tomaría mi siguiente clase que era literatura, simplemente genial, la siguiente mejor manera de continuar con mi día era disfrutando de la torturante clase del profesor Ryans. Entré en el aula cuando ya la mayoría estaba adentro, incluido el profesor, el que raramente cuando entré no dijo ni pio. Expuso un tema sobre algo que tampoco pude comprender, ¿qué demonios pasaba? No podía concentrarme en nada hoy; sabía que ésta clase era una que teníamos en común Vladimir y yo, volteé hacia atrás pero su lugar se encontraba vacío, ¿porqué de repente todo giraba entorno a él?, una voz me trajo de nuevo a la realidad.
—Fontage, ¿podría decirnos qué fue lo que vimos en clase?—preguntó el profesor. Me quede mirándolo sin saber que decir, afortunadamente la campaña sonó dando por terminada la clase ¡salvada por la campana!

Nuevamente estaba por salir del aula cuando la voz del profesor Ryans me detuvo. ¿Acaso hoy todos los profesores querían hablar conmigo?; me giré a verlo, pero su expresión fue algo raro; se fue acercando hasta que me rodeó y cerró la puerta tras de él. Aquello me sorprendió bastante e inclusive me dio un poco de miedo. Pero aquél miedo fue incrementando cuando el se acercó más a mi, se detuvo a centímetros de distancia; cuando traté de ir hacia atrás me detuvo agarrando fuertemente mi brazo.
Inspiró profundamente, como si lo disfrutara. Ahora me encontraba completamente muerta de miedo, aquello no era normal, no era real, tal vez debía estar soñando, mejor dicho, teniendo una pesadilla. Pero entonces supe que aquello era real, ya que su mano bajaba lentamente a lo largo de mi espalda, haciéndome sentir escalofríos; me encontraba paralizada del susto, pero entonces mi cerebro reaccionó. Comencé a tratar de zafarme, pero me tenía acorralada ahora contra una pared con su aliento sobre la curva de mi cuello, ¿Qué demonios pasaba?, eso no era definitivamente algo normal.

En un descuido de su parte, le di un golpe con mi rodilla lo más fuerte que pude en su entrepierna, la maniobra mas factible de autodefensa si sabes utilizarla; cuando el se alejó presa del dolor supe que era mi oportunidad para salir de ahí. Fui directo a la puerta, pero ésta se encontraba cerrada con llave. Me horroricé y más aun cuando lo vi recuperarse e ir hacia mi, entonces una sombra se vio bajo la puerta y entonces solo dijo: “ni una palabra de esto”, con una voz tan grave y amenazadora que nunca le había escuchado. Abrió la puerta y salí tan rápido con mis piernas me permitieron directo al sanitario.

Los pasillos ya se encontraban vacios y supe que ya no podía llegar a mi siguiente clase, así que me quede ahí. Estaba aun asustada, aterrada por volver a una clase de literatura, en sus ojos había visto algo casi antinatural, algo que no correspondía a la forma de ser del señor Ryans; aun así decidí evitarlo tanto como me fuera posible.

Estando en el sanitario aun, me miré detenidamente en el espejo, las bolsas debajo de mis ojos se notaban aun más que la vez anterior que había reparado en ellas, y mi mirada seguía pareciendo cansada; me contemplé detenidamente en el espejo y repentinamente mi reflejo se movió en diferente tiempo a mi, el reflejo ladeó un poco su cabeza y me dio una radiante sonrisa, yo pegué un pequeño brinco hacia atrás, tallé mis ojos pero aun seguía viendo lo mismo, el reflejo comenzó a levantar una mano hacia el frente mientras yo instintivamente me fui acercando mas hacia el, cuando estuve a tan solo centímetros cerca, la puerta del baño se abrió, dejando pasar a una chica que no recordaba haber visto, quien me vio con una expresión dejando entender que yo estaba loca. Me erguí rápidamente y ella entró en un cubículo, miré nuevamente hacia enfrente pero ahora ya no había nada raro; toqué mi cara y la sentí más caliente de lo normal, no creí que fuera fiebre ni nada de eso, así es que abrí el grifo del agua, puse mis manos de forma que hicieran un cuenco y comencé a mojarme la cara; el agua estaba fría, lo cual fue muy bueno por que logró despejarme, me sequé y segundos después el timbre sonó, dando por finalizada la siguiente clase del día. Salí del baño ya más tranquila y me dirigí hacia mi siguiente clase, arte, era una sesión bastante ligera que lograba relajarme mucho, eso era precisamente lo que necesitaba, relajarme; estaba segura que lo del espejo solo había sido un juego de mi mente debido al supuesto cansancio que tenía y a lo que había pasado con el profesor de literatura. Si, eso debía ser.


El día por fin terminó cuando el reloj marcó las tres de la tarde y me encontré con Aline y Julissa, a quienes no había visto a la hora del almuerzo por que necesitaba estar sola y creo que la mayor parte del día fue así, sola. Caminábamos hacia la entrada, mientras ellas hablaban de algo en lo que no me molesté en prestar atención.
—Tam… ¿estás escuchando?—me preguntó Aline.
—… ¿qué?... lo siento, no… ¿de qué hablaban? —
—De que hay otro chico nuevo en la escuela, muy, pero muy galán—me respondió Aline.
— ¿Acaso no lo has visto Tam?, creo que se llama Hudson o algo así—me dijo Julissa.
—…oh, si, lo conozco, me ayudó hoy en clase de matemáticas—
— ¡Que envidia!, conmigo compartió química, pero ni siquiera me miró—dijo Aline haciendo pucheros.
—hey, relájate, no es la gran cosa, creo que Vladimir es más apuesto—me sorprendí a mi misma diciendo aquello y enseguida cubrí mi boca, ¡tremendo error!, ahora Aline no me dejaría en paz con el tema.
— ¡vaya, vaya!, creo que a alguien la han flechado—dijo precisamente Aline, golpeándome ligeramente con el codo.
—Que cosas dices, claro que no, es solo una opinión nada más—respondí.
—Hablando del rey de roma, míralo—miré hacia donde Julissa me apuntaba. Ahí se encontraba Vladimir recargado en la puerta de la escuela, mirando hacia nosotras; enseguida mis mejillas se sonrojaron y miré hacia otro lado.
— ¿Puede alguien tan increíblemente guapo ser real?, es… perfecto—volvió a decir Aline. Sentí crecer los celos dentro de mi, espera un segundo, ¿celos?, ¡demonios! Por que iba yo a sentir celos, después de todo no éramos ni seríamos nada, quizás solo fue un simple ardor en el estómago. —Hablando de eso, ¿qué pasó en la fiesta?, cuando entré estaban muy juntos, ¡cuéntanos! —.
—oh, la fiesta… nada, no pasó nada; no se si recuerdas que justo en ese momento entraste—le dije, recordando lo inoportuna que había sido.
—bueno ya, ¡pero que suerte tienes! Se ve que está muy interesado Tam—me dijo Julissa, yo solo le sonreí. Cuando pasamos por un lado de donde el se encontraba ni siquiera me gire a mirarlo, como había dicho, trataría de ignorarlo, pero creo que no iba a ser una tarea fácil.

Cruzamos el aparcamiento hasta llegar al auto de Julissa, ya que ese día era su turno de llevarnos a la escuela. El trayecto hacia mi casa fue bastante, ¿Cómo decirlo?, ¿incómodo?, ¿emocionante?, ¿divertido?, había algo de los tres, pero de un tema que no me hubiera gustado tocar.
—Bueno, pasemos a algo realmente importante—dijo Aline bajando el volumen de la música del auto.
— ¿de que se trata? —pregunté.
—De que en dos semanas será tu cumpleaños, ¿qué tienes pensado hacer? —me dijo Julissa.
—Mi cumpl…?... ¿que día es hoy? — pregunté algo desconcertada.
—Es diecinueve de mayo Tam, faltan diez días, pero ya debes de tener algo planeado ¿no?—me respondió Julissa.
— ¿diecinueve?... la verdad chicas, no tengo nada en mente, según yo aún faltaba un mes, pero creo que el tiempo se me ha ido volando—.
— ¡Ya está entonces, nosotros planearemos la mejor fiesta que hayas tenido!, déjanoslo a nosotras—dijo Aline guiñándome un ojo.
—chicas no… no tienen que hacerlo, la verdad no tengo muchos ánimos para una fiesta he…—
—shh, nada, tendrás una gran fiesta, es tu cumpleaños número diecisiete y ¡tenemos que festejarlo! —volvió a decir Aline.
Y después de eso comenzó a hablar de los grandiosos planes que tenía en mente para la fiesta, la música, la comida, todo. Le deje, después de todo, cuando a Aline se le metía una idea en la cabeza, ni por la fuerza podías sacársela.

Cuando Julissa aparcó frente a mi casa, estuve feliz de dejar de escuchar los planes de Aline, no era que no me gustara que mis amigas se preocuparan por festejar mi cumpleaños, pero no me apetecía involucrarme en toda la organización, al menos, no ahora; yo no podía hacer nada más que decir si a todo. Al entrar en casa, ésta como siempre se encontraba vacía, subí a mi habitación y encendí mi ordenador, chequé un par de correos, borré el spam y respondí algunos, solo los que merecían la pena responder, ya que invadían mi bandeja con correo basura.

A la mañana siguiente, desperté tranquila gracias al cielo, esa noche no había tenido ninguno de esos sueños extraños. Hice mi rutina diaria antes de la escuela, la cual consistía en una ducha caliente, después, elegir mi ropa, maquillarme un poco y bajar a desayunar; hice las dos segundas cosas sin prestar mucha atención a lo que hacía. Bajé hacia la cocina y me sorprendió encontrar que mi padre había dejado las llaves de mi auto sobre la barra de la cocina junto a una nota diciendo que era tiempo de volverlo a utilizar. Por fin, después de un año podría volver a manejar mi lindo Mustang negro convertible, que había sido mi regalo de dieciséis años. Después del infortunado accidente en mi casa, habían decidido que un buen castigo era quitarme el auto, y vaya que si, es bastante incómodo andar pidiendo a tus amigas que te lleven a cualquier lugar. Pensé que después del disgusto del fin de semana pasado, este “privilegio” tardaría aún más en volver. Mandé rápidamente un mensaje de texto a las chicas, diciendo que hoy nos veríamos en la escuela y desayuné lo más rápido que pude. Tomé alegremente las llaves y me dirigí al garaje que era donde se encontraba el auto cubierto con una gran manta, tendría que ponerle combustible, eso me tomaría un poco más de tiempo, ya que debía desviarme para llegar a la estación de gas; pero cuando estuve dentro del auto y lo encendí, vi que el tanque del combustible se encontraba lleno hasta el tope, seguramente mi padre lo había llenado, ¡una razón más para adorarlo!
La puerta del garaje se abrió automáticamente con el remoto que tenía en mis llaves y salí fácilmente, esperaba no haber olvidado como manejarlo, eso sería desastroso.

Manejé tranquilamente hacía la escuela, aún tenía un buen rato para llegar. Se sentía tan bien volverlo a manejar, me sentía completamente libre de nuevo, ese bellísimo auto era mío. Llegué a la escuela en buena hora y aparqué en el estacionamiento, justo en la entrada ya se encontraban Julissa y Aline esperándome, con sorpresa al verme llegar. Cuando estuve con ellas en la entrada Aline aun seguía con la mirada fija en el auto, ya sabía yo que desde que me lo habían regalado, me envidiaba completamente por ello, y eso se sentía en cierto punto, muy bien.
— ¿Lo tomaste sin permiso ó te lo dieron ya? — dijo Julissa no muy convencida.
—ja, ja, claro que no lo tomé sin permiso, ¿recuerdas que me quitaron cualquier copia de las llaves? —le respondí sonriendo mientras ella me correspondía con otra sonrisa. Aline seguía sin decir absolutamente nada, aquello era en Aline, bastante raro.
— ¡Se siente tan bien tenerlo de vuelta!, siento un poco más de libertad—dije nuevamente.
— ¿Un poco más de libertad?, eso es lo que te sobra Tamyra—me respondió Aline cortante.
— ¡Creo que alguien está muy celosa! —dijo rápidamente Julissa sonriéndome, mientras mandaba miradas recriminatorias a Aline.
—Si, tal vez un poco… como sea… ya tengo casi todo listo para la fiesta, ¡será la mejor que hayas tenido! —respondió ésta.
—Confío en ustedes en que quedará perfecta, ¡sorpréndanme! —dije mientras comenzábamos a caminar hacia los casilleros.
En ese rato no vi a Vladimir por ninguna parte, sé que no debería estar esperando por verlo, pero bueno, ya se me estaba haciendo costumbre el verlo siempre por las mañanas, y lo aceptara abiertamente o no, me gustaba esa vista matutina.

El día transcurría sin nada demasiado importante para ser tomado en cuenta, estaba consciente de que ése día también tenía clase de literatura con el profesor Ryans, pero también estaba consciente de que no podía faltar, estaba decidida a evitarlo como me fuera posible, tratar de ser la primera en salir del salón de clases siempre, con tal de nunca estar a solas con él; mejor prevenir que lamentar. También ése día tenía clase de cocina, una clase también bastante tranquila, que había decidido tomar por iniciativa propia; la falta de alguien en casa que cocinara, me había hecho recurrir a esto, no viviría siempre de comida rápida. Había aprendido algunas cosas sencillas, que no requerían de una gran habilidad culinaria, si no más bien, atención.

Entré en el laboratorio que era grande, con mesas muy aptas a la hora de preparar los platillos, en donde ya se encontraban los ingredientes que utilizaríamos en esa sesión, mientras que las estufas se encontraban apartadas de las mesas. Era una clase por equipos de tres integrantes, yo sólo tenía una compañera llamada Tara, debido a que en la clase no habíamos alcanzado un tercer compañero. Por lo regular cuando yo llegaba ella ya se encontraba en nuestro lugar, la mesa más apartada del aula, la que se encontraba justo más cerca de las estufas, lo que lo hacía un lugar muy bueno para trabajar, por qué no necesitabas ir muy lejos para calentar lo que necesitaras.

Ése día ella aun no había llegado, por lo que me quedé sola en la mesa por un rato, tal vez había tenido una emergencia y no tardaría en llegar. Los minutos pasaban, el salón iba llenándose poco a poco, y no había señales de Tara, “hoy me tocará trabajar sola”, pensé justo cuando la profesora entró por la puerta.
—Bueno días clase, como ya muchos se habrán dado cuenta por los ingredientes, hoy haremos algo bastante sencillo, un pay—dijo la profesora mientras señalaba algunos ingredientes, como las galletas, la gelatina, etc. —También en sus respectivas mesas, les he dejado los recetarios, escojan el estilo de pay que mejor les parezca y ya saben, para cualquier duda, sólo levanten la mano, de cualquier manera estaré pasando por sus mesas a verificar—. Dicho esto, se giró y comenzó a preparar una mezcla.

Puse manos a la obra sola, y decidí primero moler las galletas; después de unos cuantos minutos la profesora se acercó a mi mesa, haciendo que dejara lo que me encontraba haciendo.
—Tamyra—
— ¿Si profesora? —
—tengo un compañero para Tara y para ti, hoy te será de ayuda ya que estás sola, así que aquí está. Señor Sladen, acérquese—dijo mirando hacía atrás a un chico que se encontraba esperando justo a un lado de una mesa no muy alejada a donde yo me encontraba. Si, el supuesto Hudson Sladen de ayer, sería mi compañero de cocina, por lo poco que restaba del año.
—Hola—me dijo mientras se colocaba el delantal que era obligatorio en la clase. Yo sólo le hice un breve saludo con la cabeza y volví a mi tarea.
—Bien, ¿Qué me toca hacer? —dijo mientras frotaba sus manos.
—Primero tienes que lavarte las manos, no pretenderás cocinar así—dije simplemente. Él acercó sus manos mostrándomelas con una gran sonrisa.
—Eso lo sé; mira, limpias y secas… ahora ¿que sigue? —
—La verdad nunca me hubiera imaginado a un chico como tú en ésta clase—
—mmm… y ¿En qué clase debería estar entonces? —dijo mirándome fijamente.
—No lo sé, cualquiera menos esta, no parece que te guste la cocina ni mucho menos—respondí mientras seguía moliendo las galletas.
—no me gusta, pero si tu me ayudas, tal vez termine por gustarme, ¿no crees? —
—necesitarás más que esas miradas para impresionarme ¿sabes? —le dije mirándolo.
— ¡vaya! Me descubriste—dijo haciendo una mueca de decepción. Yo solo traté de disimular una sonrisa. — ¡ajá!, te hice reír, eso ya es algo ¿no? —.
—mmm… si… pero no te emociones—dije volviéndome a lo que me tocaba a hacer. —ahora ¿porqué mejor no te pones a licuar los ingredientes en lo que yo termino esto? —
—Tu solo dime que es lo que tengo que hacer y lo haré—dijo brincando un poco sobre sus talones adelante y hacia atrás.
—Solo pon en la licuadora el queso crema, la leche condensada, los huevos y el jugo de limón que están por allá—
—De acuerdo—dijo y fue por la licuadora al otro extremo de la mesa. La conectó y…
— ¡Primero tienes que ta…!—hablé demasiado tarde, ya que él había oprimido el botón de encendido, haciendo que la mezcla que iba dentro saltara por todas partes, por que había olvidado ponerle la tapa.
—…taparla—dije limpiando una parte de la mezcla que había caído en mi cara.
— ¡Hudson! —grité. Ahora estaba furiosa, había desperdiciado los pocos ingredientes que teníamos, lo cuál significaba menos calificación para nuestro platillo.
—Lo siento, yo no…—
—era obvio que había que taparla ¿no crees? —
— Hey, lo siento, se me olvidó poner la tapa, gran cosa—dijo restándole importancia al asunto. Me obligué a guardar silencio y no responderle como debía ya que la profesora había llegado hasta nuestra mesa viendo todo aquél desorden.
—Bueno jóvenes, creo que ambos saben que en ésta practica tendrán un cero; tanto por desperdiciar ingredientes como por el desorden que han ocasionado. Y no les debe caber la menor duda, de que al final de la clase deberán quedarse a limpiar el laboratorio—
—si profesora—dije con un suspiro. ¡Aquello era tan injusto!, ponerme cero a mí, por la ineptitud de otra persona; pero no había nada que yo pudiera hacer.

La clase terminó y no pudimos terminarlo, a pesar de que era un postre realmente sencillo. Lo que restó de la clase, ni siquiera me digné en mirarlo y mucho menos hablarle. Me encontraba limpiando el lugar de las estufas cuando me habló.
—no pensarás ignorarme por siempre ¿o si? —. No respondí. — ¡vamos!, fue un error, cualquiera puede equivocarse—
—…podría hacerlo ¿sabes? —
— ¿hacer qué? —dijo acercándose más hacia donde yo me encontraba.
—ignorarte eternamente, créeme, no me costaría ningún trabajo—le dije y volví a limpiar. —ah, por cierto, no cualquiera se equivoca en colocarle la tapa a una licuadora—
—Tienes que aceptar que fue muy divertido—dijo ya más cerca de mi riéndose.
— ¿divertido?, ¿te parece divertido que nos hayan puesto cero? —dije dejando lo que estaba haciendo y girándome hacia él.
—no, eso no es divertido… pero tu cara llena de mezcla para pay, si—
Solo eso me faltaba, que se burlara de mí ahora, estaba cruzando la línea de mí paciencia. Así es que mejor me alejé y fui hacia donde se encontraban los trastos para limpiar el piso, llené la cubeta con agua y cogí el trapeador, llegué a un punto desde el cual comencé a fregar el piso. Se mantuvo en silencio por unos minutos en los que yo sólo me dediqué a limpiar, su grito me sobresaltó, y al girarme rápidamente para ver que pasaba, lo vi tumbado sobre el piso que estaba mojado.
— ¡pero que dem…!—dije cuando lo vi, después no pude aguantarme y solté una carcajada.
—Esto no es divertido—dijo con un leve seño molesto.
—oh, por supuesto que lo es, ¡solo mírate! —le dije y me seguí burlando.
—vale, vale, si muy divertido, que te parece si mejor me ayudas a levantarme—
—claro que no, se lo que piensas hacer, el viejo truco de ayúdame y me tiras a mi también—le dije sonriendo. Pareció entenderlo porque se levantó solo y cuidadosamente fue hacia donde yo estaba.
—Que te parece si termino yo, de cualquier manera ya no llegamos a la siguiente clase—dijo y me quitó el trapeador. Yo miré al reloj y lo confirmé, efectivamente ya no podríamos entrar a la siguiente clase y estuve aliviada por eso, la clase en la que se suponía debía estar era literatura. Solté un fuerte suspiro de alivio.
—Veo que te alivia no entrar a la otra clase—me dijo sonriendo mientras terminaba. ¿Había terminado demasiado rápido o me había distraído más de lo pensado en mis cavilaciones?, no lo sabía, el caso era que solo le faltaba aproximadamente un metro cuadrado para terminar por completo. Me esperé, de cualquier manera tampoco podía salir si un pase de pasillo, así es que no tenía forma de salir sin que me vieran y mandaran a detención.
—Creo que tendremos que esperar antes de salir ¿verdad? —
—si, creo que si—respondí.
—Bueno, me agrada la compañía, así es que no puedo quejarme—dijo nuevamente sentándose sobre la mesa mientras me lanzaba una sonrisa. Definitivamente el chico era demasiado guapo, pero había algo en él que hacía que no me gustara completamente, contrariamente a como me pasaba con Vladimir. Estuvimos en silencio por un rato, sentía su intensa mirada fija sobre mi, pero yo me entretenía con otra cosa, no porque estuviera con el en la clase, necesitaba hablarle bien.
—Eres como la celebridad de la escuela—me dijo al cabo de unos minutos.
—… ¿porqué lo dices? —pregunté.
—Porque es la verdad, créeme que muchas chicas en ésta escuela, definitivamente quisieran ser tu—respondió. Aquello hizo que me sonrojara. —También me considero uno de los chicos más afortunados de la escuela ahora por el simple hecho de compartir unos minutos contigo—dijo mirándome fijo nuevamente.
—Ok, es suficiente, ya hiciste que me sonrojara—le dije desviando mi mirada hacia cualquier otro punto menos a él. Entonces cuando volví a girarme, el ya estaba bastante cerca de mi, estirando su mano hacia mi cara.
—Eres ig… muy hermosa—me dijo, pero parecía como en trance; después sonrió y bajó su mano sin llegar a tocarme. El timbre anunciando el final de la clase y del día sonó, entonces era hora de irme.
—Bueno, ya es hora de ir…—
—Si… te puedo acompañar a casa, claro, si no tienes otros planes—
—mmm… lo siento, pero hoy traigo mi auto—dije tomando mis cosas que se encontraban en un pequeño estante junto a una pared.
—Oh, bueno entonces… ¿te molestaría que te acompañara a la salida? —
—…no, está bien—le dije. Salimos del aula directo a la salida y no paramos en los casilleros, porque no encontré nada que fuera necesario llevarme. No vi a mis amigas cerca, también reparé en que no había visto a Jack por ningún lado, seguramente estarían planeando la “gran fiesta” que Aline estaba preparando para mi cumpleaños, y eso no era algo que me alegrara mucho.

Estábamos cerca del salón donde era la clase de literatura del profesor Ryans, y para mi mala suerte el se encontraba fuera, cuando sus ojos se posaron sobre Hudson y yo, su mirada adquirió un brillo de malicia.
—hoy no tuvimos el privilegio de contar con su presencia, señorita Fontage—dijo mirándome fijamente con una sonrisa torcida. Yo ignoré su comentario y seguí caminando, junto a mí, Hudson solo lo miró con un ceño fruncido. Unos metros más adelante después de dar vuelta al pasillo, se encontraba Vladimir frente a su casillero, giró su rostro hacia nosotros y frunció ligeramente el ceño.
—…tengo que ir… ¿te molesta que me vaya ahora?... recordé que tengo algo importante que hacer—me dijo Hudson, pero con su mirada fija y un tanto furiosa en Vladimir a la que éste último respondía de la misma manera.
—amm, no, está bien, se llegar sola—respondí. El se giró y me dio una radiante sonrisa entonces giró sobre sus talones y caminó hacia el lado opuesto del pasillo. Yo seguí caminando hacia la puerta y pasé muy cerca de Vladimir, pude sentir su mirada fija sobre mí, pero no volteé.
Así la semana fue pasando entre clases y agradecida por estar durmiendo con un poco de paz; también bajo las miradas acosadoras del profesor Ryans en sus clases, tratando siempre de ser la primera en salir del aula, apenas sonaba el timbre, y huir de cualquier lugar de la escuela donde me lo encontraba.

Un martes, justo dos días antes de mi cumpleaños, cometí sin darme cuenta, uno de los peores errores que pude haber hecho. Ese día, en clase de literatura me encontraba en la parte de atrás, como todos los días, pero el no iba a dejarme ir así sin más.
—Señorita Fontage, ¿le gustaría compartirnos un poco de su ensayo acerca de Cumbres Borrascosas?—me dijo el profesor Ryans con una sonrisa irónica, frente a toda la clase. Me quedé en blanco, no recordaba que hubiera dejado ningún ensayo.
—…amm… ¿ensayo? —pregunté, sintiéndome tonta por preguntarlo.
—Si—respondió él. —El ensayo que dejé una semana atrás acerca del libro, que debía ser leído—continuó sin dejar de sonreír maliciosamente.
—…yo…lo siento, lo olvidé—dije nuevamente desviando la mirada. Debía suponer que lo había dejado el día que no entré a clases por estar en limpiando el desorden de la clase de cocina.
—Últimamente ha estado muy cambiada Fontage, y esto no se verá muy bien en sus notas finales, me temo que tendré que mandarla a detención, después de clases— se acercó más hacia mí y susurró: —conmigo— y se alejó, dirigiéndose nuevamente hacia la clase. Me quedé helada en mi asiento, respirando con dificultad, con la mirada perdida en un punto de mi pupitre, con miedo. Después de unos minutos miré hacia el frente y entonces vi a Vladimir mirándome con preocupación, yo sólo le di una pequeña sonrisa.
—Señor Douglas, ¿tiene algo que decirle a la señorita Fontage que quiera compartir con el resto de la clase? —preguntó sínicamente el profesor Ryans, mientras Vladimir se giraba hacia él y fríamente le respondía.
—No, profesor—.

El timbre que daba por finalizada la clase sonó y como siempre fui la primera que salió de clase, sin nada de ánimo para entrar a las siguientes. Fui hacia un lugar “seguro”, a donde iba siempre que necesitaba estar sola, justo en la azotea del edificio. Nada como el aire golpeando mi cara para tratar de aclarar mis pensamientos y en este caso, tranquilizar mi miedo. Habían pasado ya unos cuantos minutos desde que llegué allá arriba, cuando escuché la puerta que conducía hacia aquél lugar abrirse.
—Tamyra—el escuchar mi nombre me hizo girarme lentamente para encontrarme con la imponente figura de Vladimir a unos pasos de la puerta.
—…yo… quiero estar sola, por favor—le dije volteándome, para mirar hacia el cielo.
—no…se que no quieres estar sola—me respondió. Cuando me giré para mirarlo, ya estaba muy cerca de mí.
—que sabes tu… ¡quiero estar sola!, ¿acaso no puedes entenderlo? —
—estas asustada, ¿es por detención? —
— ¿Qué?... claro que no, no tengo por que decirte nada— ¡demonios!, ¿acaso mi miedo era tan evidente?, o el era muy observador.
—Vi tu mirada, cuando el profesor Ryans te mandó detención— me dijo.
—bueno… ir a detención no es muy común en mi y como el dijo, puede afectar mi historial académico—dije disimulando una tranquilidad que para nada sentía.
—También, he visto como te ve Tamyra, tú evitas sus miradas, sus encuentros…—
— ¿estás espiándome? —pregunté incrédula, por toda la información que me daba, la cual desgraciadamente era verdad.
—no, bueno yo… me preocupas—admitió.
—gracias por preocuparte, pero estoy bien…—
— ¿Porqué no me tienes confianza y me dices que pasa?, tal vez podría ayudarte—
—No creo que puedas—reí amargamente, y me di cuenta de que le había dado la razón de que algo pasaba.
—podríamos buscar alguna solución si…—comenzó a decir hasta que lo interrumpí.
— ¡¿tu puedes hacer que me deje en paz?! —grité más fuerte de lo que hubiera deseado. —No creo que puedas hacer nada, si, estoy asustada, pero es asunto mío, no quiero que tengas problemas—
—No los tendré, quiero ayudarte, ¿Cómo puedo hacerte entender que en verdad me importas? O ¿confías más en Hudson que en mí? —dijo, su voz denotaba un poco de preocupación.
—no se que tiene que ver Hudson en todo esto—respondí. —yo… yo solo quiero… sentirme segura nuevamente…—lágrimas agrupándose en mis ojos, luchando fuertemente por salir. Vladimir se acercó hacia mí y me tomó en sus brazos, tal como la había hecho en aquella ocasión que me acompañó a casa. Recargó su barbilla sobre mi cabeza y comenzó a hablar.
—Hudson tiene que ver… porque siento que me hierve la sangre cuando lo veo cerca, saber que estos días el ha tenido la oportunidad de hablarte, de ver tus sonrisas, tan solo de estar cerca de ti, de tocar aunque sea solo un poco tu cabello, de rozar tus manos, que dirijas minutos de tu atención a el y… saber que a mi me ignoras… —se detuvo un poco. Ahora las lágrimas corrían por mis mejillas, ¿acaso esa era una declaración?, era de las mejores cosas que hubieran podido decirme, saber que en todo momento el había estado pensando en mi, y que yo, inconscientemente estuve haciendo que el estuviera celoso, por alguien a quien yo no veía más que como otro compañero de clase. Ahora lloraba también de felicidad. Continuó: —después ver que tienes miedo de alguien, y que nadie parece darse cuenta de ello, me llena de impotencia, no poder acercarme sabiendo que me rechazarías. Pero ahora estas aquí conmigo y escúchame cuando te digo que quiero ayudarte; por que me lastima ver que tu sufres—se detuvo.
Después de un instante ninguno de los dos habló, yo me aferraba más a él y él parecía hacer lo mismo conmigo.
—el… el profesor Ryans… me ha estado acosando los últimos días—comencé a decir, después de aquél silencio. —tengo mucho miedo de ir a detención con él, por que sé que tratará de sacar provecho de eso y…—
—Nunca, nunca dejaré que te haga daño—dijo interrumpiéndome. Tomando mi cara entre sus manos, mirándome fijamente a los ojos, con mucha seguridad. —Tal vez, pueda caer en detención yo también—concluyó con una pequeña sonrisa.
— ¿Qué… qué es lo que estás tramando? —
—ya lo verás, pero antes…—se interrumpió. Acercó su cara y unió sus labios con los míos. Al principio no supe como responder, dejando que el tomara control de la situación, pero después la confianza surgió, moviendo mis labios al compás de los suyos. Aquello era indescriptible, tantas sensaciones juntas, un hecho que difícilmente podría explicar. El calor que el roce de sus labios causaba en los míos era una de las cosas más agradables que hubiera sentido; sentía que el aire me faltaba, pero me negaba a separarme de él, de alguna manera toda aquella necesidad que se reflejaba en aquél beso, todo ese sentimiento, era mayor que yo. Cuando por fin nos separamos, continuábamos relativamente cerca el uno del otro, nuestras respiraciones agitadas, sonriendo con satisfacción.
—Eso fue…—dijo.
—Increíble—concluí.
—Definitivamente… ahora ¿Qué te parece si vamos a enfrentarnos al problema? —
—No puedo creer que quieras ir a detención—dije. Él solo me sonrió, entrelazó sus dedos con lo míos y bajamos hacia la escuela nuevamente. Aun no lo creía completamente cierto, pero aquél hermosísimo chico estaba a un paso de ser mi nuevo novio, y eso definitivamente se sentía muy bien.

Al caminar por los pasillos, éramos el centro de las miradas de todos aquellos quienes se encontraban ahí, finalizando sus días. El profesor Ryans salió de una oficina y su mirada se dirigió rápidamente a nosotros, más exactamente a nuestras manos enlazadas. Vladimir se detuvo, situándose frente a mí, acariciando con dulzura mí cabello y mi cara, después se aproximó y colocó un pequeño beso sobre mis labios para después besar mi frente, en un acto que hizo que el espacio quedara en silencio con varios ojos curiosos que continuaban viéndonos con bocas entreabiertas.

—Haga lo que haga, no trates de intervenir ¿de acuerdo? —me dijo, yo solo asentí, tratando de imaginar que era lo que tenía en mente. Se separó unos pasos de mi, caminando cerca de donde se encontraba el profesor Ryans y algunos casilleros; repentinamente se escuchó el estruendoso ruido de metal golpeándose y entonces supe lo que había hecho; dio una fuerte patada a los casilleros enfrente del profesor y algunas pocas autoridades de la escuela que se encontraban en la oficinas cercanas, provocando mandarlo a detención, pero eso era si tenía buena suerte, un alboroto así podría causarle una suspensión.
— ¡Douglas! —se escuchó el grito de un profesor cerca. — ¿¡Pero que cree que está haciendo!? ¡Pase a mi oficina inmediatamente! —dijo una voz proveniente de las oficinas y entonces me di cuenta que era el mismísimo director de la escuela. Vladimir pasó una de sus manos por su cabello, me dio una hermosa sonrisa y entró siguiendo al director.

Al término del día me encontraba en mi casillero, sacando unos libros, cuando unos fuertes brazos rodearon mi cintura y un cálido aliento sopló en mi oído susurrando un “hey”, me giré para encontrarme a Vladimir sonriendo sólo como el podría hacerlo.
— ¡¿Ése era tu magnifico plan?! ¿Sabes que pudieron haberte suspendido en lugar de ir a detención? —reclamé.
—Bueno fue lo que se me ocurrió en ese instante, pero tranquila, tenemos detención juntos—dijo mientras me mostraba una hoja de papel, la cual indicaba que había sido mandado a detención al término de la jornada escolar. Creo que mi rostro se iluminó y lo abracé fuertemente, el miedo comenzando a disiparse de mi cuerpo.

Un rato más tarde ya nos encontrábamos de camino hacia el aula de detención, caminando con nuestras manos enlazadas libremente por el pasillo. El salón se encontraba cerrado, por lo que decidimos esperar afuera.
—Tranquila, yo estaré aquí también, el no podrá hacerte nada—dijo Vladimir en un modo tranquilizador frotando suavemente mis brazos.
—lo se, pero…—
— Vaya jóvenes, me sorprende verlos aquí… juntos —dijo el profesor Ryans acercándose hacia nosotros con una sonrisa malvada. —señor Douglas, veo que no le avisaron de su cambio de castigo—dijo irónicamente girándose a ver a Vladimir.
— ¿cambio de castigo? —preguntó Vladimir dirigiendo una mirada entre confusión y furia al hombre frente a nosotros.
—Efectivamente Douglas, usted deberá cumplir su castigo en donde lo indica esta papeleta—respondió el profesor Ryans, estirando una papeleta de aviso hacia él. Vladimir la arrebató de sus manos y leyó. Soltó mi mano, formando fuertes puños alrededor del papel con sus manos, evidentemente furioso; eso definitivamente no era una buena señal y yo comenzaba a sentir que el miedo invadía nuevamente mi cuerpo.
—Como se atreva a tocarle un solo cabello, le juro que se va arrepentir—dijo amenazadoramente Vladimir, tirando a un lado la papeleta, la cual ahora ya era una pequeña bola comprimida. Se acercó hacia mí y apoyó sus manos en mis hombros.
—No sé como consiguió mandarme a otra aula, en verdad no se como consiguió que te dejarán cumplir la detención sola con el—se interrumpió completamente frustrado.
— pero te prometo que vendré con alguien que se encargue de él, trata de mantenerte lo más alejada posible ¿de acuerdo? —me dijo en una voz que apenas yo pudiera escuchar. Yo solo asentí un poco. Ahora era consciente de que mis manos comenzaban a tener pequeños temblores. No quería entrar a ese salón, no sola con aquél depravado profesor, que sabía se aprovecharía de la situación.
Me dio un suave beso y con una última mirada amenazadora al profesor Ryans dio vuelta y caminó por el pasillo, dejándome en el inicio de algo a lo que yo prefería pensar era una horrible pesadilla, que sabía muy bien, era más real que cualquier otra cosa.
—Pase señorita Fontage, no querrá obtener otro reporte en su historial por no acatar la detención—dijo aun sonriendo con malicia, haciendo ademán hacia la puerta abierta. Aun en contra de todos mis pensamientos me obligué a entrar.

Me senté en la parte intermedia del aula, lo bastante lejos del escritorio para el profesor, tenía mis dedos entrelazados, como una forma para tratar de tranquilizarme, pero ni eso podía calmar el miedo que sentía; también me encontraba pensando en que movimientos de autodefensa podría utilizar por si llegaran a ocuparse. Entonces lo vi levantarse de su asiento y dirigirse hacia el frente, a donde yo me encontraba. Rodeó un par de veces el pupitre, examinándome detenidamente con una sonrisa en su cara. A mis espaldas sentí su mirada y después sobre mi oreja el golpe de su aliento y sus palabras que parecían taladrarme.
— ¿Qué pasa Tamyra? ¿Ahora tienes miedo? —susurró sobre mi oreja respirando como la vez anterior sobre la curva de mi cuello. Ahora me hablaba de tu, tratando de establecer una confianza que era nula. —No te haré daño, no haremos nada que tú no quieras, solo… —
—¡¡No me toque!! —grité parándome rápidamente del pupitre y alejándome de él. —No se atreva a tocarme—dije con los dientes apretados. Él solo soltó una risa que de sus labios se escuchó macabra.
Cada vez que el se acercaba hacia mi, yo retrocedía, hasta que tope con una pared; él tomó esa oportunidad y agarró fuertemente mi cuello, casi a punto de asfixiarme.
—Solo quiero ver, por que es por lo que todos quieren estar con ¡la famosísima Tamyra Fontage!, quiero demostrar que eres una simple y débil humana—dijo aun con sus manos apretadas sobre mi cuello, de una forma que irradiaba odio. Entonces comenzó a tratar de besar mi rostro, asiéndome con violencia mientras yo giraba mi rostro hacia varios lados con tal de que no lograra lo que quería. Sujetó fuertemente mi mandíbula y casi pude asegurar que dejaría marcas. Aprovechando el movimiento que hizo, dejó libres mis manos y entonces lo más fuerte que pude empuje mi mano contra su cara rasguñando solo un poco de su barbilla. Él se retiró y yo aproveche la oportunidad para correr al extremo opuesto del aula. Rápidamente me alcanzó; sujetó fuertemente mi cintura, me elevó unos centímetros del suelo y caminó conmigo en sus brazos hasta donde se encontraba el escritorio. Yo luchaba por zafarme de su agarre, impulsando mis piernas y golpeando con mis brazos.
Me soltó boca arriba sobre el escritorio y rápidamente se puso sobre mí, impidiendo a mis piernas moverse. Comenzó a tratar de besar nuevamente mi cara y cuello, yo trataba con todas mis fuerzas de que no me tocara, pero el era mucho más fuerte que yo. Con mis manos trataba de golpearlo lo más fuerte que podía, hasta que en un golpe de coraje rasgué sus mejillas fuertemente con mis uñas y el gritó de dolor. Se alejó un poco y tocó las heridas.
— ¡Pequeña zorra! —gritó furioso y arremetió un golpe lleno de furia contra mi cara. ¡Demonios! Dolía y dolía mucho; casi podía sentir la comisura de mis labrios sangrando y el lado derecho de mi cara hinchándose. Entonces vi el brillo de sus ojos, un brillo casi demoniaco, que me dejó helada por un segundo. Acercó peligrosamente su mano hacia el cuello de mi blusa, lo tomó y la rasgó por completo, dejando al descubierto el sujetador. Tomó con agresividad mis muñecas y las pasó por sobre mi cabeza, mientras volvía nuevamente a tratar de completar lo que había comenzado. Comenzó a besar mi cuello y de ahí fue descendiendo; yo gritaba con todas mis fuerzas, pero ahora no tenía como defenderme, el me tenía completamente indefensa, a su merced. Las lágrimas caían por los costados de mi cara, mi manos dolían y sentía que cada parte de mi cuerpo que el tocaba estaba llena de suciedad.

Un instante después, sentí como soltaba mis muñecas y como alguien quitaba aquél peso sobre mí y me dejaba respirar nuevamente. Me senté sobre el escritorio completamente agitada y con la mitad de mis ropas rasgadas. Me llevé mis manos al pecho, tratando de taparme un poco; ahora podía ver a varios hombres uniformados en el salón sosteniendo fuertemente al profesor Ryans. Aun sentía las lágrimas resbalando por mis mejillas, entonces alguien me abrazó posesivamente pero al mismo tiempo con ternura, entonces reconocí el aroma de Vladimir y me deje consolar en sus brazos.
—Lo siento, en verdad, tenía que haber llegado antes—dijo sosteniendo mi cara entre sus manos mientras me examinaba. —Toma mi sudadera—dijo quitándose ésta y entregándomela. Se había dado cuenta de cómo se encontraban mis ropas ahora; y fue tan raro, por que cualquier otro chico lo hubiera señalado con morbo, en cambió el tenía una mirada triste, pero asomando de sus labios una pequeña sonrisa melancólica.
—Tengo que llevarte a la enfermería, necesitan curarte esto—señaló dulcemente hacia las heridas en mi cara. Me cargó en sus brazos, recargué mi cabeza sobre su pecho y salimos del aula. A lo lejos solo escuché los gritos del profesor Ryans, luchando por no ser detenido. Pero ahora me sentía segura, Vladimir me hacía sentir esa increíble sensación de seguridad que nadie me brindaba. Definitivamente aquél chico misterioso de hermosos ojos verdes, se había hecho un lugar importante dentro de mi corazón, era como… un ángel guardián.

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hola!!

Se que no tengo perdon la verdad!!... si alguien lee esto xD... lo siento muchísimo!!!! la escuela me ha traído muy ocupada, el capitulo llevaba preparándolo desde hace casi un mes, pero también el blog de readers club me ha traido algo fuera de aquí U_U

Espero y les guste este cap, la verdad muchas veces la inspiración no da para mucho! jajaja xD... es el más largo que he escrito, pero enserio que es largo verdad? jejeje

Bueno también quiero agradecerles por todos los premios chicas!!, los voy recolectando poco a poco ;) ... a veces mi computadora complotea en mi contra ¬¬ jaja xD... me ponen muy contenta tantos premios!! me daré bien un tiempo para ponerme al corriente terminando la semana de examenes =S .... wish me luck!!! jejeje :P

Bueno que esten super bien!!... dejenme saber sus opiniones acerca de la historia, y que les gustaría que cambiara vale??

kissesss!!! ;)

ciaO!!

1 comentarios:

manu dijo...

olaa tienes un premio en mi blog [:

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